22 de febrero de 2017
Plumofobia, racismo y discriminación en las apps de ligue gay
20 de enero de 2017
De ruta por Madrid en busca del cruising perdido
Con todo esta marea de inquietudes que esta instalación revolvió en mí, decidí ponerme manos a la obra e investigar en mis carnes qué pasaba con esto del cruising. Porque la verdad es que yo pensé que con la proliferación de apps de ligoteo sería algo más que en desuso, sobre todo en grandes ciudades. Así que me fui a la web. Y me encontré con un mapa llenito de marcadores sobre Madrid.

Subí hasta la última planta y cogí un par de libros. No eran muy sexys, pero sí los que más me interesaron de los que encontré en el camino. Serían suficientes para lavar mi imagen a ojos del vigilante de seguridad, que sabía que sospecharía de una persona con las manos vacías. Ya a punto de subir el último tramo de escaleras antes de llegar al baño, me dio como que sí, lo noté. Personas allí paradas mirando sus móviles, mucho trasiego arriba y abajo de las escaleras… Y me animé, lo de la Fnac no era cruising de ollas y rellenos de sostén, era cruising intelectual. Cuando subí, todo se desmoronó. El baño de hombres había sido, literalmente, fasciculado, para impedir cualquier interacción masculina homosexual. Habían matado al cruising. Y, además, habían sustituido las pintadas de pollas, frases obscenas y números de teléfono que siempre hubo, entre las que recuerdo una muy jugosa que decía “Pablo Rivero folla aquí”, por un mural con dibujos de algo que ni siquiera miré. No me interesaba. Lo más excitante que hice en aquellos baños fue abrir una de esas puertas, fingir que meaba y salir.
Pasé de la planta primera a la tercera, saltándome la segunda porque vi a un par de familias con muchos niños entrando hacia los baños. La combinación de niños y lugares de cruising me resultaba verdaderamente poco deseable. Y en los baños de la tercera planta, nada más entrar, ya se podía casi palpar el sexo. Entro y me lavo las manos, algo que, he aprendido, es un clásico de espera en estos lugares. Dos hombres bastante mayores que están en los urinarios me miran, uno de ellos me enseña el rabo mientras se pajea, un tercero que está en un baño sale a la puerta, con la bragueta desabrochada, y me hace violentos gestos para que entre en el cubículo con él. Verdaderamente aquí sí hay tomate. Aunque sé a lo que voy y lo que me voy a encontrar, me siento muy violento por la escena. Entre estos tres hombres se ha establecido una sinergia y una complicidad que yo no tengo. Todos están en el ajo. Entran dos hombres más, con bolsas del supermercado. Me voy. Quiero inspeccionar la segunda planta e irme. Definitivamente El Corte Inglés no es un lugar que me resulte sexy en absoluto.
él: Borra ahora mismo las fotos que has hecho.
Me entra mucha impotencia, tengo muchas ganas de enfrentarme a él, de decirle que adelante, que llame a la policía y que yo les diré lo que estaba haciendo él en presencia de niños pequeños, que les enseñaré las fotos. Pero decido callarme y le enseño el móvil. No soy nadie para decirle eso y, en realidad, tiene razón. Borro las dos fotos que había hecho y me voy. Al irme me insulta y me amenaza. ¿Os acordáis de lo que os he dicho antes de lo de la represión, los heteros, etc? Pues eso. Salgo del centro comercial bastante contrariado, con el corazón latiéndome fuerte, pero también con una idea clara: los centros comerciales no son lugares donde yo haría cruising. Nadie debería exponer a la infancia a la sordidez que he vivido en estos baños.
Cómo pasé de gay de manual a Aliado de la causa trans
They, their, them
Fue Papi Coxx quien, al terminar la jornada, vino y me explicó qué significaba. Era una persona que te ponía a menudo en tu sitio si no le hablabas en neutro. Afortunadamente y gracias a esta explicación, después de mi gran cagada inaugural nunca volví a equivocarme con esto, pero a mitad de rodaje recuerdo a Papi con un post-it en la frente en la que ponía “they, their, them”, de muy mala leche.
Hay hombres sin polla
Poco tiempo más tarde descubrí que Kay no sólo era más macho masculino que yo, sino que podía elegir la polla que quisiera, cuando quisiera. Es decir, que también tenía más pollas que yo.
El género no está en los genitales, sino en la cabeza
Como dice San Andrés, el que parece marica lo es.
Porque claro, este refrán de “como dice San Andrés, el que parece marica lo es”, este refrán de mierda, me lo había inventado yo mismo una noche de cervezas, muchos años antes, pensando que era una persona llena de ingenio. Y en realidad lo que estaba era lleno de prejuicios, que de un plumazo se llevó Juan. Y me explicó lo siguiente, que se me grabó a fuego. “Yo crecí en San Francisco. Todos mis amigos eran gays y mayores que yo. Cuando empecé a salir tenía 14 años y, claro, aún no había despertado sexualmente, pero cogí todas las referencias de mi círculo de amigos y de la comunidad LGTB. Todo el mundo piensa que soy gay. Tanto, que en los primeros años pensé que era yo quien estaba equivocado y lo intenté… pero es que no me gustan los hombres. Me gustan las mujeres.”
Vender mi cuerpo libera mi alma
19 de julio de 2009
Opening Party en la Bread and Butter Berlin

En la puerta de la Opening party del Bread and Butter Berlin olía a Benicassim mezclado con Mallorca. Caras rosadas, sombreros y shorts hacían cola en una intensa espera frente al histórico Columbia Halle. Rubias, taconazos, rockeros, punkies y algún que otro "yo pasaba por aqui y me han dado una invitación" hacían frente a un inesperado calor veraniego con el elixir favorito de los berlineses: la económica y sabrosona cerveza Berliner Pilsner.
El pretexto: Un concierto del grupo de moda ´Mando Diao´. El emblema: Let there BBB rock! Y la realidad: Get your free Beer and Prosecco here! Oleadas (literales) del elixir dorado inundaban la pista, así como el sudor inundaba los ropajes de las fashionistas camareras, nada acostumbradas a un frenesí de ese calibre.
Como en toda buena celebración alemana, en el Opening del BBB no faltó una sesión de currywurstel a la parrilla al aire libre, así como otra buena sesión de nubarrones de tormenta que rizaron la cabellera a más de una adicta a la plancha.
Bajo las tres enormes discoballs del Columbia Halle tres mil personas (otras dos mil se quedaron en la puerta) bailaban al son de un concierto en el que todos esperaban el single ‘Dance with somebody’ que llegó en forma de bises. Y fue en este momento cumbre cuando la magia del amplificador falló y, como nuestras Azúcar Moreno hicieron ya en su día en el festival de Eurovisión, el líder de la banda, Gustaf Norén, abandonó el escenario y volvió a salir como si nada cuando la técnica dejó de serle hostil.
Y tras el concierto, la afición enloqueció con grandes éxitos de ayer y hoy, mucho homenaje al Rey del Pop y, sobte todo, mucha cerveza. Eso sí, debido a la gratuidad del oro líquido ésta terminó más en la ropa, pelo y cuerpos de los asistentes que dentro de los vasos.
Alejandro Durán @ neomoda.com en Junio-09
Las costuras del deseo
¡Ni se te ocurra ponértelo!

Lo sabemos, seguir la moda cuesta. Es difícil estar siempre a la última y no quedarse enfrascado en una tendencia que nos favorece o que creemos que sigue siendo un must.
Pero una cosa es tener estilo propio o poco dinero para renovar armario y otra muy distinta es no tener ojos. El otoño ha llegado, y con él la excusa para desterrar (de una vez) de tu armario todo eso que, quizá, ni siquiera debiste haberte comprado.
Si quieres saber qué no debes llevar bajo ningún concepto para ser todo un fashionista, sigue leyendo.
Ni "nu rave" ni "trasnochado"
Que las Rayban Wayfarer han dejado de ser tendencia te lo imaginaste (¿no?) cuando viste imitaciones multicolor en cualquier puesto de mercadillo que encontrabas a tu camino. Ahora bien, no sólo son las gafas lo que no debes ponerte, sino todo el Pete Doherty Look. Ni las camisetas medio rotas, ni el borsalino (bajo una apisonadora tendría que subyacer este modelo de sombrero) ni las camisetas de bandas de rock, ni el pelo sucio (y por favor, tampoco las uñas).
Todo eso es el pasado; pero no te dejes engañar tampoco por el estilo "nu rave" y sus sudaderas con estrellas o formas geométricas, oversize y colores flúor. Por supuesto, sus abanderadas gafas Shutter Shade para no ver, en verano tuvieron su gracia pero ahora guárdalas en el baúl de los recuerdos.
No todo es tendencia
Si eres de la opinión de que todo lo que saca al mercado cierta casa de moda sueca es el paradigma del buen gusto, te ponemos un supuesto para que revises un poco esa máxima. Si algo es tendencia en pasarelas de moda internacionales y de repente sale al mercado a un precio diez (o más) veces menor, el universo se colapsa con estas prendas y dejan de tener el encanto de la diferencia.
Así pues, deja de llevar bombers plateadas o doradas (y por supuesto con pelo) así como parcas cortas, ya que el abrigo para esta temporada es de inspiración militar.

El look Agyness Deyn
Sí, te lo dijimos, Agyness molaba, incluso te animamos a vestirte como ella. Pero la moda de la calle ha demostrado que no puedes ponerte (ya) una camiseta con mensaje, y menos si es de House of Holland.
Di no a las converse, a las gafas divertidas o al plástico. El otoño ha barrido con todo esto, al igual que con los colores vivos, ya que se impone el negro.
¡No, no y no!
Especial hincapié queremos hacer en el palestino de "colorinchi". Si un pañuelo que da identidad a una nación se convierte en una concesión fashion, con nuestros más y nuestros menos, podemos incluso aplaudir (¿no se han llevado los volantes, la peineta y el estilo Marie Antoinette?). Ahora bien, cuando el palestino se lleva rosa porque llevo las zapatillas (generalmente all star o sucedáneos) del mismo color, hay algo que no marcha bien.
Tuvo su gracia y abriga la garganta, pero ya pasó esa era, ¡afrontémoslo! Tenemos miles de posibilidades como el pañuelo corto, la pashmina, el foulard de toda la vida, la mantilla o hasta la bufanda, que no está tan mal la pobre.
Nada de pitillos
Y por supuesto, nada de colores. Esto no significa que saques tus campanas del noventa y muchos del armario y te las vuelvas a poner a no ser que quieras causar carcajadas. Las nuevas campanas son aquellas anchas desde la ingle. De momento, en esta etapa de transición, puedes recurrir al pantalón recto de toda la vida, a los levis 501 (siempre socorridos) o al pantalón ancho y suelto, nunca de cintura baja.
La corbata, nunca ancha
Si tienes una corbata ancha monísima, guárdala, pero no te la pongas. Para llevar corbata no hace falta hacer un máster pero sí tener nociones básicas de cómo se hace el nudo, de cómo ha de llevarse (siempre con camisa, nunca jamás con camiseta y mucho menos sin ella) y una vez que nos la ponemos, no debemos bajo ningún concepto aflojarla ni abrir los botones.
Con orgullo pero no sin estilo
Allá por principio de los "dosmiles", la artista Kylie Minogue sacó un videoclip de bajo presupuesto pero gran contenido artístico para su tema 'Love at firs sight'. Desde entonces, generaciones de gays han adoptado el estilo camiseta XXS, pantalón (o bermuda) cargo y colgante al cuello como dogma de fe.
Años después, este look que bien podría haber provocado la histeria colectiva sin embargo se impuso como uniforme del orgullo gay, acompañado de calcetines cortos (y fundamentalmente blancos) asomando por entre las zapatillas deportivas.
El orgullo que viene este look debe permanecer sólo como el recuerdo de un tiempo pasado.
¿Ibicenca yo? ¡Ni muerta!
Como hemos añadido anteriormente, el negro se impone esta temporada así que nada de looks ibicencos ni colores claros. Por otra parte (y por enésima vez) el bronceado italiano ha pasado de moda. Ahora que llega el otoño haz propósito de enmienda y repite varias veces "los rayos UVA son cancerígenos y no me voy a dar ni una sesión este invierno".
Llevar una camiseta con brillantina y/o purpurina y/o lentejuelas variadas en cualquier tipo de print o forma es peor que llevar un herpes. Cuidado con el glitter, puede pasarte factura.ç
Alejandro Durán @ chueca.com el 24-09-2008.